Impasse Superado
Ha sido superado el llamado "impasse" diplomático entre Perú y Chile, originado en la definición pormenorizada de los límites de la nueva región de Arica-Parinacota en la ley respectiva. Lo ha sido mediante la afortunada coincidencia de un dictamen de inconstitucionalidad formal, bien fundado en cuanto tal, del TC. Y lo ha sido después de una serie de pasos y contrapasos, no siempre armónicos.
Ahora es preciso rescatar algunas lecciones. Se ha hablado de un error, y de un error que nada menos que cambiaría la frontera entre los dos países. En realidad, si ha habido equivocación -y probablemente la hubo-, ella es de carácter político o diplomático: no era indispensable, ni probablemente oportuno, caracterizar circunstanciadamente el límite de la nueva región. No lo era, ciertamente, sino por el contrario, cuando la relación con Perú y su gobierno son excelentes.
Pero error de fondo no hubo, dado que el lenguaje utilizado corresponde al límite marítimo vigente por medio siglo entre los países del Pacífico Sur, que es el paralelo. Su descripción en la ley de la nueva región coincide exactamente con la formulada oficialmente por el país ante las Naciones Unidas, de conformidad con la Convención sobre el Derecho del Mar, con la utilizada apropiadamente en la Ley de Pesca, y con innumerables otros actos jurídicos y en acuerdos bilaterales de señalización. Ésta es probablemente la precisión más importante.
Los límites terrestres y marítimos con Perú están establecidos mediante tratados de larga data, materializados en terreno, observados en la práctica bilateral y reconocidos por la práctica internacional, como lo precisó la Cancillería en público y seguramente lo explicitará en la respuesta a las notas peruanas. La objeción ha venido, y sólo últimamente, del Perú, sin que Chile haya podido ni pueda darle valor alguno, a la luz de lo claramente convenido y vigente. En el error de énfasis u oportunidad que motivó la fuerte y reiterada protesta peruana hay, en todo caso, una entidad mucho menor de lo que fue en su día la Ley de Bases en el mar de la administración Toledo, la cual ciertamente intentó un cambio de frontera, al declarar una carencia de límite marítimo y poner en duda el hito 1, erigido de común acuerdo.
Cabría, por tanto, subrayar en muchas reacciones de nuestro lado un error de énfasis en sentido contrario al original tan criticado, un probable exceso de celo. Una segunda lección se desprende elocuentemente de las circunstancias de lo ocurrido. No parece razonable que no haya habido oportunidad de ponderación en un proceso de meses en el gobierno en general y de otros tantos en el Congreso, que aprobó unánimemente en ambas Cámaras, sin trámite de Comisión de Relaciones Exteriores, la importante disposición posteriormente criticada. Tampoco que un órgano de la importancia del Tribunal Constitucional haya tenido que pronunciarse con tal rapidez, aunque lo haya hecho, como lo hizo, con propiedad. No debe repetirse algo semejante.
Sin embargo, en el trasfondo de todo este confuso episodio, superado el desentendimiento, queda una consolidación de la buena relación actual entre Chile y Perú. Es preciso encapsular el desacuerdo limitado que subyace en el superado problema, y seguir construyendo la amplia cooperación existente entre países vecinos, llamados por muchos vínculos a una duradera amistad.Los límites terrestres y marítimos con Perú están establecidos mediante tratados de larga data, materializados en terreno.
Tomado del diario El Mercurio de Chile (Editorial) 30/01/2007