miércoles, 21 de octubre de 2015

Los Peruanos Somos Indolentes desde Antaño

Podría ser la nueva camiseta de la selección peruana de fútbol

Quien puede negar que la principal característica del peruano es la indolencia.

El término indolente significa persona que no siente dolor, insensible, indiferente, apático, descuidado, negligente etc.

Atahualpa fue el primer indolente pues no tomo medida alguna para prevenir un ataque de un grupo extraño que había invadido su territorio, y la consecuencia fue que lo capturaron muy fácilmente. Pero la cosa no queda ahí, ingenuamente ofrece un rescate por su liberación y cumplido éste lo matan, derumbándose sin combate el Imperio Inca.

Los peruanos indolentes no sintieron nunca, en su mayoría, la necesidad de obtener su independencia de la corona española. Tiene que venir un extranjero San Martín a, por lo menos, proclamar la independencia. Se necesitó nuevamente de extranjeros para culminar el trabajo de San Martín, es así que aparece Bolivar en territorio peruano con un regimiento británico que logra la independencia.

Perú mal armado establece una secreta alianza defensiva con Bolivia, país casi con un ejército rudimentario y en serio conflicto con Chile. Además, los gobernantes peruanos "pensaron" erróneamente que contaban con la participación de Argentina que al final no se dio. La consecuencia fue que Perú terminó involucrado y luego derrotado en la Guerra del Guano y el Salitre de 1879, que no le correspondía. El “ejército boliviano” huyó al inicio del conflicto bélico quedando Perú solo.

La derrota del Alto de la Alianza en Tacna y posteriormente en el morro de Arica se origina por la indolencia, maldad y traición de Piérola que no provee el apoyo necesario a Lizardo Montero en Tacna y luego a Francisco Bolognesi en Arica. Agregemos al coronel Segundo Leiva que rehusa a cumplir el rol encomendado de llegar a Tacna y envolver a las tropas chilenas, pero se detuvo y regresó a su base en Arequipa impulsando la derrota de Montero y luego de Bolognesi quien lo esperó hasta el último segundo de vida.

En la Guerra de Guano y el Salitre muy avanzado y con buenos resultados el trabajo de la resistencia peruana con Andrés Avelino Cáceres y Lizardo Montero en la guerra de guerrillas, las que impulsaban el retiro apurado de los invasores, aparece Miguel Iglesias y firma el tratado de Ancón por el que termina la guerra, pero entregando a Chile toda una provincia rica en salitre, guano y cobre.

Avergonzados de nuestro defecto mayor los gobernantes peruanos deciden que ya no se cante la segunda estrofa del himno nacional que dice:

Largo tiempo el peruano oprimido
la ominosa cadena arrastró;
condenado a una cruel servidumbre
largo tiempo en silencio gimió.
Mas apenas el grito sagrado
¡Libertad! En sus costas se oyó,
la indolencia de esclavo sacude,
la humillada cerviz levantó.

Pero, en otra muestra de indolencia, tuvieron que pasar muchas décadas para darnos cuenta y no entonar esta estrofa humillante que los propios peruanos compusieron, aprobaron y cantaron como parte central de su himno patrio, la cual debe ser pronto eliminada.

Pero queda en el campo de los símbolos patrios algo pendiente, el Escudo Nacional.

El actual árbol de la Quina que casi no existe y pocos conocen o confunden con la quinua, debe ser reemplazado por la papa, tubérculo originario y domesticado para hacerlo comestible por etnias peruanas, el que actualmente sustenta la alimentación en el mundo.

La pasiva e inofensiva vicuña debe ser reemplazada por el cóndor o el puma para que representen la fuerza del Estado peruano.

El Cuerno de la Abundancia con monedas (cornucopia) debe ser reemplazado por lo que constituye la verdadera riqueza peruana los metales o minería.

En el presente, hemos seguido cometiendo una serie de errores importantes que dificultan la marcha del país como son, entre otros, los descompuestos sistemas de elecciones y de partidos políticos que permiten la llegada a los poderes públicos de gente del más bajo nivel que entorpece la creación y aplicación de las mejoras necesarias para una mejor movilidad hacia el desarrollo. Como buenos indolentes esto no lo corregimos y más bien nos sentimos cómodos manteniéndolos.

No dejemos pasar otro siglo para reaccionar y seguirnos desprendiendo de más células contaminadas del mal de la indolencia. (jlhurtadov)

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